Su compañía cada día, su sombra junto a la mía, su sonrisa en mis labios, esas expresiones que aún no logro descifrar, sus brazos a mi alrededor, sus besos en mis mejillas, sus caricias, mis cachetes, mis caritas, mis ganas de que me consienta, de que me abrace, me bese, en fin, él y yo. Haciendo una pareja tan disfuncional y opuesta que se complementa en cada engranaje.
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