Me encanta tener la posibilidad de simplemente hacer la pataleta que quiero, cuándo quiero y cómo quiero, me encanta la certeza que tengo de que sea como sea, estará ahí cuando decida desistir de mis estúpidos arranques, que nazca en él ese deseo de siquiera hablarlo, de convensarlo, de solucionarlo.
Pero, sinceramente odio el hecho que de no sea capaz de controlar lo que dice, ni de aceptar la responsabilidad que le corresponde, es una lástima que los días hermosos como el día de hoy se acaben con este sin sabor, pero más triste aún es el hecho de que se descargue sobre mis hombros la culpa de que ello haya sucedido.
Prefiero entonces, simplemente, apartarme, callar y entender que no se puede pedir peras del olmo, como dijo muy sabiamente Shakira, así pues, se acaba uno de mis días, con la cabeza en alto pero el corazón por lo bajo.
martes, 26 de agosto de 2014
martes, 19 de agosto de 2014
Relatos taciturnos.
Se queda viéndome justo a los ojos, me mira y simplemente sonríe. Y es suficiente, no necesito más, su mirada lo es todo para mi, sus pupilas queriendo atravesar las mías y ver que dentro de mi también habita todo eso que le revuelca el estomago durante cada uno de nuestros besos.
Me besa, y entonces explotan esas pequeñas partículas que todos tenemos en nuestro estómago destinados simplemente a ello, a parecer mariposas que se mueven incansablemente, a simular "una descarga de adrenalina" y me doy cuenta de que me encuentro en el momento indicado, con la persona indicada haciendo lo que el destino me indicó hacer.
Pero aquella noche no fue cualquier noche, aquel beso no fue cualquier beso y sencillamente aquello no fue simplemente sexo; no existen palabras para describir lo que la perfecta combinación de calor y amor logró hacer con nosotros, lo que nuestros cuerpos en silencio gritaron y lo que sin darnos cuenta hicimos.
Y es que con la misma suavidad con la que se acaricia una rosa, me tocó cada rincón de mi cuerpo; con la ternura con que se observa el atardecer, me contempló de arriba abajo; con el amor con que sólo él sabe amar, me amo hasta que no tuve más alternativa de susurrar ¡ya!.
Todo termino como tenía que terminar, quiero decir, con dos sonrisas enfrentadas la una con la otra, incapaces de si quiera balbucear, pero ratificándose mutuamente que lo que acababa de suceder era real y sincero.
Así, me dispuse a abrazarlo y a recibir a Morfeo en la mejor de las compañías.
Me besa, y entonces explotan esas pequeñas partículas que todos tenemos en nuestro estómago destinados simplemente a ello, a parecer mariposas que se mueven incansablemente, a simular "una descarga de adrenalina" y me doy cuenta de que me encuentro en el momento indicado, con la persona indicada haciendo lo que el destino me indicó hacer.
Pero aquella noche no fue cualquier noche, aquel beso no fue cualquier beso y sencillamente aquello no fue simplemente sexo; no existen palabras para describir lo que la perfecta combinación de calor y amor logró hacer con nosotros, lo que nuestros cuerpos en silencio gritaron y lo que sin darnos cuenta hicimos.
Y es que con la misma suavidad con la que se acaricia una rosa, me tocó cada rincón de mi cuerpo; con la ternura con que se observa el atardecer, me contempló de arriba abajo; con el amor con que sólo él sabe amar, me amo hasta que no tuve más alternativa de susurrar ¡ya!.
Todo termino como tenía que terminar, quiero decir, con dos sonrisas enfrentadas la una con la otra, incapaces de si quiera balbucear, pero ratificándose mutuamente que lo que acababa de suceder era real y sincero.
Así, me dispuse a abrazarlo y a recibir a Morfeo en la mejor de las compañías.
jueves, 14 de agosto de 2014
Crónica de una noche asustada.
No suelo creer en Nostradamus aunque me encante Harry Potter, ni en brujas no obstante mi abuela diga "de que las hay, las hay", ni en sillas que se corren, ni en aplausos sordos en la cocina deshabitada, pero es que es difícil sacarse de la cabeza este tipo de hechos cuando si quiera hace unas pocas horas retaban mi pensamiento lógico deductivo.
Y como diría Freud "evitando que mi inconsciente se apoderara de mi consciente", fui a la cocina con mis manos apretadas como única arma, en busca de aquel fenómeno que me constatará las leyes de la física que con tanto esfuerzo nuestro querido Newton dedujo de la caída de una manzana en su cabeza.
Petrificada, asustada y sin cobija que me protegiese de los fantasmas, me tuve que enfrentar a la realidad que me mostraban mis ojos, no existía causa para la consecuencia que tan solo hace segundos había percibido, no había nada, sólo oscuridad y silencio.
Así, con el sin sabor de desconocer qué fue lo que me sucedió tuve que correr a mi cama, en búsqueda del mejor de los escudos que tengo desde bebe. Así, mi cobija de terciopelo y mi peluche de Perry me arrullaron hasta que mis sentidos se calmaron y se decidieron a dormir.
Y como diría Freud "evitando que mi inconsciente se apoderara de mi consciente", fui a la cocina con mis manos apretadas como única arma, en busca de aquel fenómeno que me constatará las leyes de la física que con tanto esfuerzo nuestro querido Newton dedujo de la caída de una manzana en su cabeza.
Petrificada, asustada y sin cobija que me protegiese de los fantasmas, me tuve que enfrentar a la realidad que me mostraban mis ojos, no existía causa para la consecuencia que tan solo hace segundos había percibido, no había nada, sólo oscuridad y silencio.
Así, con el sin sabor de desconocer qué fue lo que me sucedió tuve que correr a mi cama, en búsqueda del mejor de los escudos que tengo desde bebe. Así, mi cobija de terciopelo y mi peluche de Perry me arrullaron hasta que mis sentidos se calmaron y se decidieron a dormir.
martes, 5 de agosto de 2014
él.
Su compañía cada día, su sombra junto a la mía, su sonrisa en mis labios, esas expresiones que aún no logro descifrar, sus brazos a mi alrededor, sus besos en mis mejillas, sus caricias, mis cachetes, mis caritas, mis ganas de que me consienta, de que me abrace, me bese, en fin, él y yo. Haciendo una pareja tan disfuncional y opuesta que se complementa en cada engranaje.
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