martes, 26 de agosto de 2014

Relatos taciturnos II.

Me encanta tener la posibilidad de simplemente hacer la pataleta que quiero, cuándo quiero y cómo quiero, me encanta la certeza que tengo de que sea como sea, estará ahí cuando decida desistir de mis estúpidos arranques, que nazca en él ese deseo de siquiera hablarlo, de convensarlo, de solucionarlo.

Pero, sinceramente odio el hecho que de no sea capaz de controlar lo que dice, ni de aceptar la responsabilidad que le corresponde, es una lástima que los días hermosos como el día de hoy se acaben con este sin sabor, pero más triste aún es el hecho de que se descargue sobre mis hombros la culpa de que ello haya sucedido.

Prefiero entonces, simplemente, apartarme, callar y entender que no se puede pedir peras del olmo, como dijo muy sabiamente Shakira, así pues, se acaba uno de mis días, con la cabeza en alto pero el corazón por lo bajo.

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