miércoles, 10 de septiembre de 2014

Mi cama...

Y si mi cama hablará podría escribir un libro de tantas escenas de las que ha sido cómplice, de tantas lagrimas que ha secado y de tantas maldiciones que ha escuchado, pero de lo que estoy segura es que si pudiese escuchar no habría alcanzado a oír  el te quiero pronunciado por tus labios produciendo mis suspiros.

Sucede que mi cama no habla, y debo ser yo la vocera de sus testimonios, debo ser yo quien cuente un relato que merece ser contado, la crónica de un te quiero que nació en tus labios y aún permanece en mis odios.

Aún así, tengo la certeza de que en el caso muy hipotético de que mi cama hablará escogería nuestra historia, para que todo el mundo escuche como dos incrédulos del amor, se juntaron, se besaron y luego, bueno... aquí estamos.

Y ¿cómo no? si ha sido mi cama la única testigo de nuestra transformación, si ha sido ella quién me ha abrigado en nuestras discusiones y sostenido en nuestras alegrías, ha sido ella el lecho de un amor que promete rompernos el corazón y que sin embargo ahí estamos, queriéndonos de todas maneras.